Los padres nos ponemos a prueba. ¿Te animas?

El que dijo que la tarea de ser padre es totalmente maravillosa, sobre todo durante los primeros años, seguramente habrá recibido un entrenamiento para comandos especiales o adiestramiento con fuerzas militares de elite, porque el común de los papás tenemos una preparación bastante precaria para lidiar con una cuestión difícil: el crecimiento de nuestro hijo. Por demás está aclarar que si eres padre primerizo, los desafíos se quintuplicarán. Casi tan arduo como los 12 trabajos para los cuales había sido seleccionado el mitológico Hércules y los que debía llevar a cabo con éxito poniendo a prueba su fuerza y destreza.…

Resumen de Reseña

Valoraciónes : Sea el primero!

El que dijo que la tarea de ser padre es totalmente maravillosa, sobre todo durante los primeros años, seguramente habrá recibido un entrenamiento para comandos especiales o adiestramiento con fuerzas militares de elite, porque el común de los papás tenemos una preparación bastante precaria para lidiar con una cuestión difícil: el crecimiento de nuestro hijo. Por demás está aclarar que si eres padre primerizo, los desafíos se quintuplicarán.

Casi tan arduo como los 12 trabajos para los cuales había sido seleccionado el mitológico Hércules y los que debía llevar a cabo con éxito poniendo a prueba su fuerza y destreza. Por supuesto él era Hércules y nosotros somos sólo nosotros, con débiles músculos, un poder que oscila entre lo poco y lo escaso, limitada sabiduría y una energía que se esfuma con tanta rapidez como la de la batería de nuestro celular. Como información anecdótica cabe destacar que al momento de enfrentar las famosas pruebas, Hércules estaba casado con Megara y tenía tres hijos. Luego el bueno de Hércules tuvo un ataque de locura —hoy lo llamaríamos estrés o panic attack— y cometió un desastre que mejor no recordar ahora.

El rey Euristeo le encomendó al grandulón la ejecución de pruebas, cada una más complicada que la anterior. En nuestro caso, simples mortales, las exigencias llegan directamente de la mano de la voz de la paternidad. Los padres podríamos ser hipotéticamente evaluados de acuerdo a la cantidad y calidad de pruebas que nos presentan nuestros hijos pequeños y a las que invariablemente seremos sometidos.

Si vamos a equipararnos con Hércules, debemos saber que a él se le encargó conseguir extraer la piel del peligroso león de Nemea. Una tontería si la comparas con la tarea que debe emprender un padre cuyos hijos se han cubierto —porque les resultó divertido— todo el cuerpo con litros de pintura sintética o kilos de crema antiarrugas o aceite comestible, y no encontramos solos para quitarle de su delicada piel enormes cantidades de sustancia tanto pegajosa como adherente. Posiblemente, los muros de tu sala o dormitorio no habrán quedado inmunes a la creatividad juvenil y deberán recibir tratamiento de limpieza, al igual que Bobby, el perro mestizo al que no puede achacársele ninguna responsabilidad, pero tampoco sirve para atestiguar en contra de los menores que han ocasionado tamaño desbarajuste. Al igual que el forzudo mitológico, nosotros siempre tendremos todas las variables en contra.

A Hércules, el querido Euristeo también le encargó limpiar los establos de Augias donde habitaba la mayor parte de los bueyes de la zona y según cuenta la leyenda, los malos olores llegaban incluso a localidades adyacentes. La verdad es que Hércules no nada tenía de qué quejarse. Lo que le tocó es una insignificancia si se contrapone con la abrumadora tarea de lidiar con vómitos de los niños, de inexplicable origen e indeterminado color, siempre abruptos, escabrosos, devastadores. Nunca entenderemos de dónde saca el pequeñín una materia tan hedionda si sólo come papillas saludables y otros alimentos sanos y angelicales. De todos modos, deberemos limpiarlos.

Los pañales son una expedición al infierno. Estos percances malolientes nunca son ejecutados con pulcritud y eficiencia; preparémonos para encontraremos un escenario apocalíptico, extenso y sobrenatural. No nos atrevemos a tocar aquello ni con triple capa de guantes de látex y pensamos por lo bajo lo genial que hubiera sido que algún inventor hubiese creado una aspiradora manual para hacer desaparecer esa sustancia infantil intracorporal tan repugnante. Por supuesto, el dispositivo debería cargarse con material desechable.

Dejo para el final una prueba que sería una excelente propuesta de marketing de nuestros días, diseñada como una promoción de “2 x 1”. Si a Hércules se le requirió capturar vivo al jabalí de Erimanto y controlar a toros de Gerión, a nosotros no nos resultará una misión de menor cuantía la de reunir a los niños cuando ya es hora de partir y los muy insurgentes siguen corriendo sin dirección por todo parque como si los persiguiera Lord Voldemort! Y nuestra tarea también es doble: lograr capturar a cada uno de los rebeldes y que la acción culmine sin ningún lastimado o magullado. Es una tarea física y mental desgastante intentar retenerlos porque son elusivos y aprovechan el más mínimo descuido para salir disparados al territorio de juegos y aventuras.

Definitivamente, no somos héroes y mucho menos semidioses , pero si se volviera a escribir sobre seres sobrenaturales, seguramente a los padres nos deberían dedicar un capítulo.

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